Reviviendo nuevamente, se vienen nuevos cambios y varios cuentos.
Espero sea de su agrado.

Cometa
Era tarde. Estaba acostumbrado a salir tranquilo por las mañanas, pero
aquel día, los percances aparecieron por montones. Debía estar en cinco
minutos más y parecía que el mundo seguiría confabulando para no dejarle
llegar a tiempo. Ninguno de los tantos semáforos que había cruzado, por
ejemplo, había estado en verde a su llegada y eso nunca le pasaba.
Observó curioso ambas calzadas vacías ¿Qué le impedía cruzar? ¿La luz
roja? Sonrió al ver su suerte cambiar y emprendió a pasos fugaces su
periplo hacia la otra vereda. Le gustaba sentir sus pasos suaves sobre
el asfalto, marcando al compás de la música. Sentía la melodía fluyendo
enérgica por su sangre y, al mismo tiempo, apurando su paso. Pronto un
chasquido perturbó su armonía y detuvo la canción junto a sus pasos.
Sacudió sus manos en busca del reproductor que había fallado, mal
momento, supuso al escuchar una voz nerviosa desde la lejanía. Volteó su
rostro y vio a un hombre que, con los ojos desbordados, le apuntaba una
sombra en la calzada avanzando hacia él. Una luz en su rostro y una voz
gritándole que corriese. La voz le fue familiar y el recuerdo de niño,
apareció fugaz ante sus ojos.
Observó el cielo, las nubes brillaban por un costado y exponían la
sombra por el otro, texturándose en la más cálida de las pinturas. El
sol le daba en la cara y las aves volaban bajo, rozando los árboles y
quizá, su cometa. El chico le gritaba que corriese, más fuerte, tanto
como el viento. Él sólo reía y miraba hacia el cielo, estirando el
cuello e intentando ver la cometa colorida con sus alitas fluyendo entre
los árboles, pero cada vez que parecía poder verle, comenzaba a bajar y
el chico empezaba a gritar de nuevo.
La plaza era estrecha y pequeña, pero por más rápido que fuese, siempre
tenía el cuidado de no tropezar con señoras viejitas ni con bebés
pequeños. Pero admitía sí, que en ese preciso momento, lo único que le
importaba era alzar lo más posible la cometa para así voltear, detenerse
y observar con calma unos pocos segundos a la hermosa cometa fluir.
Luego seguiría corriendo hasta el cansancio, pero por ahora, la meta era
aquella.
Sus pasos comenzaron a ser cada vez más rápidos sin perder la vista el
cielo. El chico le gritó pero él le ignoró ¡Estaba corriendo, rápido,
más rápido! Por lo que siguió corriendo, empecinado a alzarla lo más
posible. Lo que no supo, fue que realmente le decía algo más, algo más
rápido, cortado y cargado de pánico. Corría hacia la acera, los autos
pasaban raudos, él no se detenía. No se detuvo, una luz inundó su
rostro, creyó que era el sol, pero no lo era.
El impacto golpeó su pequeño cuerpo, destruyéndolo completamente. El
pequeño, el chico, llorando a cántaros; él le había avisado, le había
gritado que se detuviese, mas sólo siguió corriendo.
Y la cometa cayó, mas nadie la vio.



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